Una experiencia cambió el rumbo que empezaba a marcarse. Después de un accidente necesité una intervención reconstructiva y tuve que confiar en las manos de otros la posibilidad de recuperar la movilidad de las mías.
Vivir aquel proceso como paciente despertó en mí una fascinación intelectual por la extraordinaria maquinaria que mueve los engranajes del cuerpo humano.
También me hizo comprender, desde una perspectiva profundamente personal, el recorrido de quien debe poner su salud en manos de otros y la responsabilidad que asumen quienes reciben esa confianza.
A partir de entonces me resultó mucho más sencillo decidir qué quería ser.
Nunca perdí el interés por los mecanismos fundamentales de la vida. Mi primera orientación profesional estuvo vinculada a las ciencias básicas y me llevó a profundizar en la bioquímica, la genética, la biología molecular, la bioinformática, la estadística y la investigación. Con el tiempo, esa formación científica encontró una dimensión mucho más práctica en la cirugía.
Entre todas las especialidades quirúrgicas, la cirugía plástica reunía algo singular. No se limita a un único órgano ni a una región concreta de la anatomía: exige observar al paciente en su conjunto y comprender la relación entre forma, función, proporción y calidad de vida.
Nuestra especialidad puede intervenir sobre aspectos muy distintos de la experiencia humana: recuperar movilidad después de una lesión, permitir que una persona vuelva a caminar o sentarse con normalidad, reconstruir tejidos tras una enfermedad o ayudar a que alguien se sienta más cómodo con su imagen.
Una intervención no puede prometer felicidad ni resolver por sí sola la relación que una persona mantiene con su cuerpo. Sin embargo, la cirugía plástica puede contribuir de forma significativa a recuperar función, autonomía y bienestar cuando existe una indicación adecuada.
Esa capacidad representa un privilegio y, al mismo tiempo, una responsabilidad: escuchar qué necesita cada paciente, explicar con honestidad qué puede conseguirse y qué límites existen, y cuidar la confianza de quien decide ponerse en nuestras manos.